
Recientemente el Congreso ha suprimido parte de artÃculo 154 del Código Civil, en el que se decÃa que “los padres podrán en el ejercio de su potestad recabar el auxilio de la autoridad. Podrán también corregir razonable y moderadamente a los hijos“. La parte que ha suscitado la polémica ha sido la que posibilitaba la corrección razonable y moderada. Vamos, lo que viene siendo en la práctica el cachete de toda la vida. Ese que un altÃsimo porcentaje hemos recibido en alguna ocasión. Amparado y justificado por el amor paterno, materno o de los profesores.Â
¿A ti que recuerdos te trae el “afectuoso cachete“?.
Yo recuerdo todos y cada uno de los “cariñosos cachetes” que me dieron siendo niña -quizás porque me dieron pocos-, pero, como entonces, sigo considerándolos injustos e innecesarios.
He escuchado estos dÃas, las autorizadas voces de padres y madres, que justifican este recurso. He oÃdo eso de “no pasa nada por dar un azote“, “no maltratas a tus hijos si les das un cachete“, “¡si yo le doy encima del pañal, que no duele!”, “¿y sino como les educas?”. Una mujer llamó a un programa de televisión y dijo que ella nunca habÃa pegado a sus hijos, y la periodista, con aire molesto le espetó, “señora escriba un libro”.
Hay quienes creen que los niños vienen sin manual de instrucciones, y se acogen a la máxima del sálvese quien pueda. Pues no. Los niños sà vienen con manual de instrucciones. Hay que leerlo.
Recurrir al azote, a pegar, aunque sea flojito, es un acto de injustificable. Cuando se recurre a la violencia se fracasa. Se fracasa cuando se pasa de la argumentación a utilizar el amoroso cachete.
Yo, como la señora que llamó al programa de la tele, no he pegado nunca a mi hija, ¡ni cuando tenÃa pañales!. Ya sé que no es dolor fÃsico, que no es maltrato fÃsico, hablamos de toques, pero esos toques son una indignidad. Yo creo en el respeto a la dignidad de las personas, aunque la persona sea pequeña.
Cuando fui madre, no me planteé no utilizar el cachete. No me parecÃa una aberración. Sin embargo, situé el cachete como el último recurso, el recurso extremo. Más allá del azote no puedes corregir con nada más. Más allá del cachete está el desierto, un agujero negro, el abismo… la nada. Asà que, comencé a educar a mi hija evitando llegar al extremo. Y, después de leer muchos manuales descubrà que el cachete es indigno, que no respeta a las personas. Los niños también son personas aunque midan poco.
El cachete es injusto e innecesario, y cuando se usa es únicamente para expresar ira o rabia. No sirve para educar obligar a alguien a hacer algo por la fuerza.
No triunfa quien da más fuerte, triunfa quien es capaz de convencerte.
Foto: WaR¡
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