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sep
30
2007

Felipe acelera que llega la Tercera

Quemar fotos de la monarquía española puede molestar a algunas personas, pero no me parece un acto tan abominable como para que sea sancionado con dos años de cárcel. Es más, actos como la quema de fotografías de monarcas, banderas o cualquier otra simbología nacionalista -española, vasca, catalana, irakí, afgana, israelí…- me parece que lo que tiene que llevarnos es a reflexionar y no a castigar.

Si se trata de actos aislados, deben ser tomados como eso, como actos muy poco compartidos. Sin embargo, cuando se multiplican los actos, y además, su apoyo o condena genera debate político, es hora de plantearse cambios. Es un hecho real -veraz que no monárquico- que la población se está rebelando frente a la monarquía en España.

Durante los años 80 y 90 existió un movimiento de apoyo a la monarquía, un apoyo sustentado por la imágen que se trasladaba de que eran personajes ilustres que tenían una buena tarjeta de presentación en el extranjero, gente cercana al pueblo llano, capaz de compartir el dolor ajeno, y que además nos salvaron de Tejero y el 23F. Imagen retransmitida y hoy superada. Superada, porque la gente piensa. Porque ahora queremos decidir democráticamente todo, porque reclamamos nuestro derecho a participar en política, reivindicamos nuestra legítima capacidad de decidir. Y porque además, ahora nos cuestionamos si realmente son tan buena tarjeta de presentación, por que se diferencian del resto de la población, si son capaces de ver y compartir los problemas cotidianos de la ciudadanía, y finalmente, ¿que pasó de verdad el 23F?, ¿quién orquestó todo aquello?, ¿porqué un suceso tan oscuro sirvió para legitimar una monarquía ilegítima?. Digo que es una monarquía ilegítima, porque la II República nos la arrebató un golpe militar, y después de 40 años de dictadura, Franco, nos impuso una monarquía. Franco no nos devolvió la república que se había elegido democráticamente en 1931. Franco, se murió y dejó en su testamento el modelo de Estado que el quería y el jefe del Estado que él decidió: una monarquía con Juan Carlos I de Borbón como rey. Palabra de Franco.

Y si nosotros y nosotras nos tenemos que pelear por participar en política ¿por qué tenemos que regalar esta facultad?, ¡y encima pagándo una millonada!. Más aún, estamos pagando una millonada a gente que para empezar no vocalizan correctamente. Comunicarse correctamente es algo básico en política, y a mi, me cuesta entender a esta gente.

Sin embargo, no creo que la preparación, o las habilidades de estos personajes de cuento palaciego sean el motivo para pedir que no nos representen más, o que no nos hagan malgastar más dinero. No. Creo que es porque nuestra democracia se ha hecho mayor, y, como adulta que es, se ha dado cuenta de que no necesita para nada la tutela de Franco. Se ha percatado de que quiere escoger democráticamente a todos sus cargos públicos. Percibe que las instituciones tienen asignada una partida presupuestaria, y que la forma de gastar ese presupuesto también se decide democráticamente. Pero sobre todo, porque yo quiero elegir a mis representantes, ¡es que no comparto el gusto de Franco!
Efectivamente, algo está cambiando. Será hora de que nos pregunten si queremos seguir teniendo una institución feudal, no democrática. Quiero que me consulten, porque quiero elegir entre Monarquía o República. ¿Y tu?

Foto: Por Jaume d’Urgell

3 comentarios

  1. Maripuchi escribió:

    Yo también.
    Estoy de acuerdo contigo en el planteamiento del post.
    Creo que la institución monárquica fue útil durante la transición y consolidación de la democracia, pero años después, cuando el pueblo (demos) se empieza a cuestionar la cracia (gobierno) … es la hora de poder decidir si queremos seguir como estamos o no.
    Beso.

  2. ilegorri escribió:

    Cada vez quedan menos personas que tuvieron que elegir este modelo de Estado. Hoy somos, cuantitativamente, bastantes más, las personas que ya podemos decidir un cambio, o no.

  3. Maripuchi escribió:

    Da igual que seamos más los que no lo pudimos elegir, aunque fuéramos los mismos en número, lo que está claro es que ninguna Constitución es inamovible, se supone que esta es la gracia del sistema democrático: que es el PUEBLO el que GOBIERNA (jajaja)…
    Y por lo tanto, si el pueblo quiere puede cambiar lo que le venga en gana. Lo que fue válido hace 30 años, quizá hoy ya no lo es…

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