Amatxu, quiero estar contigo para siempre
Mi hija Nahia, que tiene cuatro años, está algo sobrecogida con la muerte de nuestro amigo José Antonio Maza, y parece que empieza a comprender lo que significa la muerte.
EL FIN
No me resisto a reproducir la conversación que he tenido con ella antes de que se durmiera esta noche.
Nahia: Amatxu, quiero estar contigo para siempre
Yo: Vaya hija! (es que me ha sorprendido mucho) yo también
Nahia: Ama, no te mueras antes que yo
Yo: No te preocupes, cuando me muera ya estarás aburrida de tanta madre
Nahia: ¿Y cuanto falta para que nos muramos?
Yo: Buf, un montón
Nahia: ¿Por qué?
Yo: Porque somos aún muy jóvenes
Nahia: Y ¿por qué se murió ese chico? (ese chico es José Antonio Maza)
Yo: Porque estaba muy malito, y como no habÃa tiritas suficientes para curarle pues se murió
Nahia: Y cuando nos “murimos” ¿a donde nos vamos?
Yo: Pues…(¿que contesta una atea a una niña de cuatro años?) pues…, ¿dónde te gustarÃa ir?
Nahia: a Bilbao
Con esta relación ¿como no voy a tener como prioridad conciliar mi vida profesional con mi vida personal?. Y además, con explosiones de amor de este calibre, me pongo de lo más amistosa con todo el mundo.
¡Menos mal que mañana no tengo ni comisiones, ni pleno en el Ayuntamiento!, porque a mi esto me desarma, me vuelvo de lo más comprensiva y conciliadora.
Bueno, pues eso, que me encanta mi niña, y cada dÃa que crece, me gusta más.
Foto: por Tati VianaÂ



Y yo me muero … de ganas de que Tomás y Lara empiecen a hablar… y también de ganas de tener un trabajo con un horario pelÃn conciliador, que el de ahora es repugnante.
Muchos besos y disfrútala…
Tiene que ser dificil empezar a tener conciencia de que la vida, tarde o temprano, tendrá fin. Cuando nos hacemos adultos, no recordamos, yo por lo menos no, cuándo empezamos a pensar en la muerte. Por eso, cuando nuestros peques nos preguntan dónde está aite, o amama, o el osaba… nos dejan un pelin descuadrados.
El otro dÃa, mi niño, Julen, me preguntó ¿aita, y aitite Vicente, el de la foto, dondé está? A lo que yo le dije: ” Mira hacia arriba. AllÃ, en lo alto del todo” (Mi reconocido agnosticismo hace que no me guste hablar de cielos o infiernos). Y el, me contestó: ¿Dónde? ¿En el techo? (Y es que estábamos en el salón de casa).
Con esta anécdota quiero decir que me encanta la inocencia de los niños, que ojalá nosotros fueramos casi tan inocentes como ellos, porque seguro de que el infierno del que hablan algunos no se reflejarÃa muchas veces en la tierra.
Por cierto, a Julen también le suelo decir que si para algo estamos en la vida… es para reirnos.
Me alegro de saber que mi hijo no es el único que me pregunta por la vida y, sobre todo, por la muerte. Y por antes de todo eso:  "Amatxu, cuando tú eras pequeña yo.. ¿dónde estaba?…  Si es que son sabios, los niños y las niñas.  Y te ponen en tu sitio. Delante de ti.
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Bueno que si preguntan, y no entiende la no existencia. No entra en su lógica que nacemos pero antes no existimos. Es complicadÃsimo de explicar. Ahora, con su técnica no sabeis lo que estoy aprendiendo para esquivar respuestas impertinentes de los distintos gobiernos.