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Muerte a la pena de muerte

Martes, 26 de Diciembre de 2006 Ilegorri Dejar un comentario Ir a comentarios

Acabo de leer en la prensa electrónica que se confirma la pena de muerte contra Sadam Husein, que deberá ser ejecutado en el plazo de un mes. También hoy nos llegaba la noticia de la ejecución ayer en Japón de 4 condenados a muerte . Y hace 10 días que nos enterábamos que Jeb Bush había decidido suspender las ejecuciones programadas en Florida. Pero ojo, no se trata de un indicio de cordura del hermanísimo, sino de lo feo que queda que un señor tarde 34 minutos en morir

Cuando oímos noticias como ésta en la que un hispano, un negro, una mujer africana, etc., son ejecutados por haber cometido un asesinato hace 30 años o incluso por tener relaciones sexuales fuera del matrimonio enseguida nos ponemos en contra de la pena de muerte por la terrible crueldad que supone que la Administración pueda decidir acabar con la vida de una persona.

Pero, ¿sentimos lo mismo cuando el condenado ha asesinado o mandado asesinar a miles de personas inocentes? ¿Nos parece igual de repugnante una ejecución cualquiera en la Florida de Jeb Bush que la ejecución de Sadam o unas hipotéticas condenas a muerte contra Pinochet, Franco, Hitler…?

Todos esos asesinatos me producen el mismo rechazo. La pena de muerte es un asesinato tan cruel como cualquier otro; lo mismo da –salvando las diferencias cuantitativas- que Jeb Bush firme una orden de ejecución, que Iñaki de Juana Chaos asesinara a 25 personas, que Sadam Hussein diera una orden de asesinar a cientos de opositores o que un tribunal supuestamente independiente condene ahora a Sadam Hussein a morir en la horca. Son simples asesinatos disfrazados de actos en nombre de una justicia mal entendida o en defensa de unas supuestas ideas (que, por cierto, deben de ser muy pobres si solo pueden ser defendidas por la espada y no por la pluma).

En resumen, la misma repugnancia me provoca uno de los 25 asesinatos a sangre fría de De Juana Chaos que este “asesinato administrativo” en el que acabará el proceso contra Sadam Husein si algo no cambia. Habrá que dar un castigo justo a las acciones de Sadam Hussein, pero desde luego, lo peor que podemos hacer es convertirnos también nosotros en asesinos.

Por cierto, Bush se mostró encantado con la condena a principios de noviembre, y Blair no lo estaba tanto.
Ante esta disyuntiva, ¿de parte de quién quién creéis que está la tercera pata del Trío de las Azores?. Ni yo misma me lo creía cuando lo leí.

Foto: Jorge Peris

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  1. Xoxe
    Miércoles, 3 de Enero de 2007 a las 21:46 | #1

    Por esa regla de tres otros gobernantes podrían ser condenados a la pena capital por crímenes mucho más atroces pero no son tan mediáticos pero pese a ello no estoy a favor de la pena de muerte ni a sadam, ni a bush, ni a muchos otros tiranos y genocidas dado que no es la forma, ni el método ni mucho menos la solución. Sin duda el odio y la violencia genera más odio y violencia y la violencia a aplacar es la que EEUU ha ocasionado en Afganistan, Irak y muchos otros paises donde impunemente han puesto en práctica sus verdaderas armas de destrucción masivas. No hay perdón para Sadam ni este es un comentario en su defensa pero incluso la pena de muerte no es castigo ni forma en ninguna ocasión o momento, es empeorar mucho las cosas. No olvidemos del derecho a la vida, del derecho del ser humano a estar vivo y vivir, aunque si comete una ilegalidad o crimen sin duda ir a la prisión pero nunca arrebatarle a un derecho tan básico y elemental.

  2. Galaxio
    Miércoles, 3 de Enero de 2007 a las 21:47 | #2

    La pena de muerte no se debería aplicar absolutamente a nadie, por más terribles que hayan sido sus crímenes. Según la larga experiencia con penas de muerte ejecutadas luego de 10 años en los Estados Unidos, muchos condenados habían cambiado psicológicamente en forma completa en ese corto lapso de tiempo. A pesar de que otros criminales no cambiaron ni en 40 años, el dato de los que sí cambiaron basta para dar una oportunidad a todos. A los criminales no se los puede mandar al infierno; ya viven entre sus fuegos desde antes de cometer sus crímenes.

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